Saturday 21 january 2012
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21 de enero de 2012
En la mañana del 9 de diciembre de 1824, en la Pampa de la Quinua o Ayacucho, Perú, dos ejércitos se preparan para la
batalla, será el último gran enfrentamiento de la guerra librada por la independencia hispanoamericanas entre españoles y criollos desde 1809 a
1826, y marcará el final del dominio colonial español en América del sur.
Un bando representa 3 siglos de saqueo, ultraje e intransigencia, el otro vislumbra la posibilidad de concretar la idea de libertad,
justicia y unión de la gran patria Latinoamericana. Los patriotas al mando del General Antonio José de Sucre, de apenan 29 años, cuentan con 5.780 hombres y una pieza de artillería, los realistas
casi los duplican en número, 9.310 soldados y catorce cañones. El Estado Mayor realista, comandado por el Virrey José de La Serna, observa las maniobras de los patriotas desde las alturas del
Condorcanqui. Un general español exclama, en alusión a la vestimenta oscura del ejercito patrio: “¡parecen monjes!, no podemos perder contra esas tropas”. Horas más tarde se pondría de
rodillas ante la guapeza criolla!!!...
Al comenzar Sucre arenga a los soldados:“De los esfuerzos de hoy, depende la suerte de la América del Sur. Otro día de
gloria va a coronar vuestra admirable constancia, ¡Soldados!, ¡viva el Libertador!, ¡Viva Bolívar, el Libertador de Perú!”.
Dos “jugosas” anécdotas les traigo a la memoria, ya que un detalle de aquella última gran batalla se puede encontrar en cualquier
página…
Al Mando del ala derecha del ejercito patrio se encuentra el General José María Córdoba, con cuatro batallones, al comprobar que los
realistas se lanzan al ataque con abrumadora superioridad numérica, alza su sombrero blanco en la punta de la espada y los enfrenta al grito de: “¡División! ¡De frente! ¡Armas a
discreción y a paso de vencedores!”.
La idea de unión Latinoamericana de Bolívar no pudo, lamentablemente, llevarse a cabo y se perdió la tradición
histórica a tal punto que los niños peruanos estudiaron durante casi una centuria “su” historia de libros traducidos del francés que confundieron la frase “pas de vainqueur”, traduciéndola por
“No haya vencedores” en lugar de “A paso de vencedores”!!!...
La reserva estaba a cargo del General Jacinto Lara, un veterano guerrero de origen humilde, quién había peleado a las ordenes de
Miranda, Bolívar, Páez y ahora Sucre. Contaba con tres batallones, el hijo de los llanos arengó a sus hombres en forma menos poética: “¡Zambos del carajo! ¡Al frente están los godos
puñeteros! El que manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como ustedes saben, no es ningún cabrón, Conque así, apretarse los cojones y... ¡a ellos!”. La victoria fue
completa. La pampa de Ayacucho, que en quechua significa “Rincón de los Muertos” hizo gala con su nombre ante la derrota de las tropas españolas. Lo primero que hace Sucre, concluida la batalla
es escribirle a Simón Bolívar, su jefe máximo, desde el mismo campo de combate: “...los últimos restos del poder español en América han expirado en este campo
afortunado....”.
Espero ayude este relato a conocer mejor a nuestros verdaderos próceres latinoamericanos!!!...
Rubén A. Galup
D.N.I. 8.400.925
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